La celebración de la Virgen de Urkupiña transforma el barrio de Villa El Libertador en un epicentro de fe, folclore y profunda identidad boliviana, atrayendo a miles de fieles y turistas en una de las fiestas más emotivas de la ciudad.
Cada mes de agosto, un fragmento de Bolivia se asienta en Córdoba. La festividad de la Virgen de Urkupiña, originaria de Quillacollo, trasciende fronteras y cobra vida en el barrio de Villa El Libertador, donde la comunidad boliviana se congrega para honrar a su patrona. Este evento, reconocido como Patrimonio Cultural, se ha convertido en un punto de encuentro fundamental que fusiona la fe católica con ritos ancestrales andinos.

Un rito de fe y sincretismo
La devoción a la Urkupiña nace de una leyenda que cuenta la aparición de la Virgen María a una pastora. La niña, sorprendida, exclamó en quechua «Jaqaypiña urqupiña», que significa «ya está en el cerro», dando origen a su nombre. Este hecho místico es el corazón de la fiesta, que cada año atrae a miles de peregrinos que suben al Calvario de Quillacollo en busca de bendiciones.
La celebración, tanto en Bolivia como en Córdoba, es un ejemplo de sincretismo cultural. La fe en la Virgen se entrelaza con la devoción a la Pachamama (Madre Tierra), un rito ancestral de la cosmovisión andina que sigue muy vigente en la comunidad.

Folclore y rituales en el corazón de Córdoba
En Villa El Libertador, la fiesta se despliega en un programa que dura varios días. El momento más esperado es la entrada folclórica, un desfile multitudinario de bailarines que, ataviados con trajes de colores vibrantes y detalles deslumbrantes, danzan al ritmo de la música. Se pueden ver coreografías de la morenada, que conmemora a los esclavos africanos, y los caporales, una danza enérgica que evoca a los capataces de las minas. Estos bailes son una forma de preservar la identidad cultural y transmitir las tradiciones a las nuevas generaciones.
Además de la procesión y las danzas, los devotos replican rituales clave de la festividad original. En el Calvario de Quillacollo, los peregrinos extraen piedras del suelo como un «préstamo» de la Virgen, que deben devolver al año siguiente si sus deseos se han cumplido. En Córdoba, este acto simbólico se realiza con ofrendas a la Pachamama. Los participantes llevan a cabo la cha’lla, un ritual en el que se sahúma y se pide prosperidad con ofrendas simbólicas, agradeciendo a la tierra y a la Virgen por sus bendiciones.
La Urkupiña en Córdoba es, en esencia, un espacio para la memoria, la identidad y la esperanza, donde la comunidad boliviana reafirma sus raíces y comparte su rica cultura con toda la ciudad.
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